lunes, 11 de febrero de 2013

Revolución surrealista



El hecho de una revolución surrealista en las cosas es aplicable a todos los estados del espíritu, a todos los géneros de la actividad humana, a todos los estados del mundo en medio del espíritu, a todos los hechos de moral establecida, a todos los órdenes del espíritu.
Esta revolución apunta a una desvalorización general de los valores, a la depreciación del espíritu, a la desmineralización de la evidencia, a una confusión absoluta y renovada de las lenguas, al desequilibrio del pensamiento.

Salvador Dalí: Desintegración de la persistencia de la memoria

Apunta a la ruptura y la descalificación de la lógica a la que perseguirá hasta la extirpación de sus reductos primitivos.
Apunta a la reclasificación espontánea de las cosas según un orden más profundo y más preciso, e imposible de dilucidar mediante la razón ordinaria, pero de todos modos un orden, y sensible a cierto sentido.... pero igualmente sensible y un orden que no forma del todo parte de la muerte.
Entre el mundo y nosotros, la ruptura está claramente establecida. Nosotros no hablamos de hacernos comprender, sino en el interior de nosotros mismos, con rejas de angustia, con el filo de una obstinación encarnizada, conmocionamos, desequilibramos el pensamiento.
La oficina central de las investigaciones surrealistas dedica todas sus fuerzas a la reclasificación de la vida.
Hay que instituir una filosofía del surrealismo, o lo que pueda surgir.
Para hablar claro no se trata de establecer cánones o preceptos, sino de encontrar:
1) Medios de investigación surrealista en el pensamiento surrealista.
2) Fijar parámetros, medios de reconocimiento, conductos, islotes.
Podemos, debemos admitir hasta cierto punto una mística surrealista, un cierto orden de creencias evasivas en relación con la razón ordinaria, pero sin embargo bien determinadas, relativas a puntos bien precisos del espíritu.
Max Ernst: Pietà or Revolution by Night
El surrealismo, más que creencias, registra un cierto orden de repulsiones.
El surrealismo es ante todo un estado del espíritu, no preconiza recetas.
El primer punto es ubicarse en el espíritu.
Ningún surrealista está en el mundo, se piensa en el presente, cree en la eficacia del espíritu-espolón, el espíritu guillotina, el espíritu-juez, el espíritudoctor y resueltamente se confía del lado del espíritu.
El surrealismo ha juzgado al espíritu.
No hay sentimientos que formen parte de él mismo, no se reconoce ningún pensamiento. Su pensamiento no le fabrica un mundo al que razonablemente acepta. Desespera de alcanzar el espíritu.
Pero al fin y al cabo está en el espíritu, se juzga desde el interior, y ante su pensamiento el mundo no pesa excesivamente.
Pero en la intermitencia de cierta pérdida, de cierta falencia en sí mismo, de cierta reabsorción instantánea del espíritu, verá aparecer la bestia blanca, la bestia vidriosa y que piensa.
Porque es una Cabeza, la única Cabeza que emerge en el presente. En nombre de su libertad interior, de las exigencias de su paz, de su perfección, de su pureza, escupe sobre ti, mundo librado a la insensibilizadora razón, al mimetismo empantanado de los siglos, y que ha construido tus casas de palabras y establecido tus repertorios de preceptos donde es imposible que el espíritu surreal no explote, el único capaz de desenraizarnos.
Salvador Dalí: El fantasma de Vermeer
Estas notas que los imbéciles juzgarán desde el punto de vista de lo serio y los astutos desde el punto de vista de la lengua, son uno de los primeros modelos, uno de los primeros aspectos de lo que entiendo por la Confusión de mi lengua. Están dirigidas a los confusos de espíritu, a los afásicos por interrupción de la lengua. Y, sin embargo, están justo en el centro de su objeto. Aquí no comparece el pensamiento, aquí el espíritu deja ver sus miembros. Son notas imbéciles, notas primarias como dice aquel otro, "en las articulaciones de su pensamiento". Pero notas verdaderamente precisas.
Un espíritu bien ubicado descubrirá en ellas un perpetuo resurgimiento de la lengua, y la tensión después de la ausencia, el conocimiento del desvío, la aceptación de lo mal formulado. Estas notas desprecian la lengua, escupen sobre el pensamiento.
Y, sin embargo, entre las fallas de un pensamiento humanamente mal construido, desigualmente cristalizado, brilla una voluntad de sentido. La voluntad de aclarar los desvíos de una cosa aún mal hecha, una voluntad de creencia.
Aquí se instala cierta Fe, pero que lo coprolálicos me entiendan, los afásicos y en general todos los desacreditados por las palabras y el verbo, los parias del Pensamiento.
Hablo sólo para ellos.

                                                                  Antonin Artaud
 
La actividad de la Oficina de Investigaciones Surrealistas

viernes, 8 de febrero de 2013

Que dimitan, que se vayan



Hay que decirlo muy claro
hay que gritarlo en voz alta
exigirlo con firmeza: 
¡que dimitan! ¡que se vayan!

Que abandonen el gobierno
los granujas y canallas
que mienten como respiran
y malversan la esperanza.

Los que trincan sobresueldos
y nos recortan la paga.
Los que cercenan derechos
y a los chorizos amparan.

Hay que decirlo muy claro: 
¡que dimitan! ¡que se vayan! 
Y que se vayan con ellos
sus sicarios con corbata.

Mangantes de cuello blanco
tunantes de mala baba
a quienes no les importa
que la pasta esté manchada.

Hasta aquí hemos llegado
se acabó lo que se daba.
Ya es bastante, ya está bien: 
¡que dimitan! ¡que se vayan!

                             rarodeluna

martes, 5 de febrero de 2013

Antología parcial / 76






                          A mis venas

     Estos cauces que ves amoratados
     y de amarillo cieno revestidos,
     eran la flor azul de los sentidos,
     que hoy descubre sus pétalos ajados.

     Besos verdes de aguja en todos lados
     hieren la trabazón de los tejidos
     y denuncian los brazos resentidos,
     la enigmática piel de los drogados.

     Las que llevaban vida y alimento
     son tibias cobras de veneno breve,
     blanco caballo con la sien de nieve.

     Trotando corazón y sentimiento
     que por las aguas de sangre vierte
     con rápido caudal lenta muerte.

         Fernando Merlo: escatófago (1968 – 1972)

domingo, 3 de febrero de 2013

Estética / Nietzsche


1. Una condición previa
Para que haya arte, para que haya algún hacer y contemplar estéticos, resulta indispensable una condición fisiológica previa: la embriaguez.
Lo esencial en la embriaguez es el sentimiento de plenitud y de intensificación de las fuerzas. De este sentimiento hacemos partícipes a las cosas, las constreñimos a que tomen de nosotros, las violentamos, -idealizar es el nombre que se da a ese proceso.
En este estado uno enriquece todas las cosas con su propia plenitud [...] transforma las cosas hasta que ellas reflejan el poder de él.
Este tener-que–transformar las cosas en algo perfecto es arte
En el arte el hombre se goza a sí mismo como perfección”.

Gustave Caillebotte - Calle de París en un día de lluvia


2. Lo bello
Lo ‘bello en sí’ no es más que una palabra, no es ni siquiera un concepto. En lo bello el hombre se pone a sí mismo como medida de la perfección.
El hombre cree que el mundo está sobrecargado de belleza –olvida que él es la causa de ella. Únicamente él le ha hecho al mundo el regalo de la belleza.
En el fondo el hombre se mira en el espejo de las cosas, considera bello todo aquello que le devuelve su imagen: el juicio ‘bello’ es su vanidad específica.
El hombre ha humanizado el mundo.
Nada es bello, sólo el hombre es bello: sobre esta ingenuidad descansa toda estética, ella es su primera verdad. Añadamos en seguida su segunda verdad: nada es feo, excepto el hombre que degenera, -con esto queda delimitado el reino del juicio estético.
Todo lo feo debilita y acongoja al hombre. Le trae a la memoria decadencia, peligro impotencia.

3. El arte por el arte
Sergio Cerchi: Lluvia
La lucha contra la finalidad en el arte es siempre una lucha contra la tendencia moralizante en el arte, contra su subordinación a la moral. L’art pour l’art quiere decir: ‘¡que el diablo se lleve la moral!’. Pero incluso esa hostilidad delata la prepotencia del prejuicio. Cuando el arte se ha excluido la finalidad de predicar moral y de mejorar al hombre, no se sigue de ello todavía, ni de lejos, que el arte en cuanto tal carezca de finalidad, de meta, de sentido.
¿Qué es lo que todo arte hace? ¿no alaba? ¿no glorifica? ¿no selecciona? ¿no pone de relieve? Con todo eso fortalece o debilita ciertas valoraciones... ¿Es que esto es sólo algo marginal? ¿un azar? ¿algo en lo que el instinto del artista no habría participado en modo alguno? O: ¿no es esto el presupuesto para que el artista pueda...? ¿Tiende su instinto básico hacia el arte, o tiende más bien hacia el sentido del arte, hacia la vida?, ¿hacia un ideal de vida? –El arte es el gran estimulante para vivir: ¿cómo se podría concebirlo como algo carente de finalidad, de meta, como l’art pour l’art? –Todavía queda una pregunta: el arte pone de manifiesto también muchas cosas feas, duras, problemáticas de la vida, ¿no parece con ello quitarnos el gusto por ésta?. 

                     F. Nietzsche: El crepúsculo de los ídolos