miércoles, 12 de junio de 2013

Poética / Ginsberg


                             Improvisación en Beijing

Escribo poesía porque la palabra inglesa Inspiración proviene del Latín: Spiritus, aliento, deseo respirar en libertad.
Escribo poesía porque Walt Whitman le otorgó permiso al mundo para que hablara con candor.
Escribo poesía porque Walt Whitman abrió el verso de la poesía a la respiración sin obstáculos.
Escribo poesía porque Ezra Pound vio una torre de marfil, apostó al caballo equivocado, les dio a los poetas  su autorización  para que  escriban su lengua hablada vernácula. 
Escribo poesía porque Pound les indicó a los jóvenes poetas occidentales que observaran a los chinos escribiendo palabras dibujos.
Escribo poesía porque W.C. Williams viviendo en Rutherford escribió a la manera de New Jersey "Te patío l’ojo", preguntando luego ¿cómo podemos medirlo en pentámetro yámbico? 
Escribo poesía porque mi padre era un poeta mi madre de Rusia hablaba comunista, murió en un loquero.
Escribo poesía porque mi joven amigo Gary Snyder se sentó a mirar sus pensamientos como una parte del fenomenal mundo externo del mismo modo que lo hicieron  los integrantes de esa mesa redonda  en el 84.
Escribo poesía porque sufro, nacido para morir, cálculos en los riñones, presión alta, todo el mundo sufre.
Escribo poesía porque sufro confusión no sabiendo qué es lo piensan los otros.

Escribo  porque la poesía puede revelar mis pensamientos, cura mi paranoia también la paranoia de otras personas.
Escribo poesía porque mi mente vaga sometida al sexo la política la meditación en el Dharma.
Escribo poesía para retratar con precisión mi propia mente.
Escribo poesía porque tomé los cuatro votos de Bhodhisattva: innumerables en el universo son las criaturas Sensibles para liberar, infinitas mi propia codicia ira ignorancia que deseo atravesar,  incontables son las situaciones en que me hallo mientras el cielo está O.K. y los senderos de la mente despierta no tienen fin.
Escribo porque esta mañana desperté temblando de miedo ¿Qué podría decir yo en China?
Escribo poesía porque los poetas rusos Mayakovsky y Yesenin se suicidaron, alguien más debe hablar.
Escribo poesía porque mi padre recitando a Shelley poeta inglés y a Vachel Lindsay poeta norteamericano dio el ejemplo –gran viento inspiración aliento.
Escribo poesía porque escribir de asuntos sexuales estaba prohibido en los Estados Unidos de América.
Escribo poesía porque los millonarios en el Este y el Oeste viajan en limosinas Rolls Royce, los pobres no tienen suficiente dinero para arreglarse los dientes.
Escribo poesía porque mis genes y cromosomas se enamoran de muchachos, nunca de jóvenes mujeres.
Escribo poesía porque no tengo ninguna responsabilidad Dogmática de un día para el otro.
Escribo poesía porque quiero estar solo y quiero hablar con la gente.
Escribo poesía para contestarle a Whitman, jóvenes dentro de diez años, hablen con las tías viejas y tíos aún con vida en Newark, New Jersey.
Escribo poesía porque en 1939 escuchaba por radio Blues Negros, Leadbelly y Ma Rainey.
Escribo poesía inspirado por las juveniles alegres canciones de los Beatles que han envejecido.
Escribo poesía porque Chuang-tzu no podía distinguir si era mariposa o hombre, Lao-tzu dijo el agua fluye colina abajo, Confucio dijo honra a tus mayores, yo deseaba honrar a Walt Whitman.
Escribo poesía porque el exceso de ovejas y hacienda en las tierras de pastoreo destruye desde Mongolia hasta el Salvaje Oeste los nuevos pastos y la erosión es la creadora de los desiertos.
Escribo poesía usando zapatos animales.
Escribo poesía "Primer pensamiento, mejor pensamiento", siempre.
Escribo poesía porque las ideas no son comprensibles excepto cuando se manifiestan en pequeñísimos detalles: "Ninguna idea más que en las cosas".
Escribo poesía porque el Lama Tibetano dice: "Las cosas son símbolos de sí mismas".

Escribo poesía porque los periódicos titulan un agujero negro en el centro de nuestra galaxia, somos libres para darnos cuenta.
Escribo poesía porque las Guerras Mundiales I y II, bomba nuclear y la Guerra Mundial III si la deseamos, yo no la necesito.
Escribo poesía porque mi primer poema Aullido que no pensaba publicar fue llevado a proceso por la policía.

Escribo poesía porque mi segundo poema largo Kaddish honraba el parinirvana de mi madre en un hospital para enfermos mentales.
Escribo poesía porque HITLER mató a seis millones de Judíos, soy Judío.
Escribo poesía porque Moscú informó que Stalin envío al exilio en Siberia a 20 millones de Judíos e intelectuales, 15 millones nunca regresaron a los cafés de San Petersburgo.
Escribo poesía porque canto cuando me siento solo.
Escribo poesía porque Walt Whitman dijo, "¿Yo me contradigo?" Muy bien entonces yo me contradigo. (Tengo buen tamaño, contengo multitudes.)
Escribo poesía porque mi mente se contradice a sí misma, un minuto está en Nueva York, al otro minuto en los Alpes Dináricos.
Escribo poesía porque mi cabeza contiene 10.000 pensamientos.
Escribo poesía porque ninguna razón ningún porque.
Escribo poesía porque es la mejor manera de decir todo lo que tienes en mente en 6 minutos o durante el transcurso de una vida. 
                                                   Allen Ginsberg

domingo, 9 de junio de 2013

Lo que está pasando



  Ya saben que lo que más nos gusta a quienes nos reunimos en Laramie es hablar: charlar, conversar, dialogar, debatir, discutir... Como dijo María Zambrano, por la palabra nos hacemos libres, libres del momento, de la circunstancia asediante e instantánea. 
Esteban Vicente: June day
Ningún tema está vedado. Hablamos de los asuntos más dispares: de todo aquello que, en mayor o menor grado, nos interesa porque de uno u otro modo nos preocupa. No hay orden del día ni guión previo.  Y aunque a veces nos ponemos estupendos, como se suele decir, nunca llega la sangre al río. Como este pasado fin de semana, sin ir más lejos... 
- ¿Qué opinas de lo que está pasando, Claudio?
- ¿Qué es lo que está pasando?
- Sabes perfectamente a lo que me refiero.
- No, Carlota, no lo sé. Están pasando muchas cosas. Algunas ocupan las primeras páginas de los periódicos, otras encuentran un hueco en las páginas interiores, la gran mayoría quedan confinadas al anonimato...
- Me estás tomando el pelo, ¿verdad?
- En absoluto. Lo que trato de decirte es que tu pregunta es imprecisa, demasiado genérica y...
- ¡Venga ya! No te pongas estupendo, Claudio. Tú sabes perfectamente de lo que estoy hablando...
- Lo que yo sé es que cada día somos más descuidados y menos exigentes en el uso de la lengua. Y que esa indolencia expresiva daña nuestro discurso y banaliza la conversación.
- Me parece que me estoy perdiendo.
- Lo que está pasando... Es un cliché. ¿No te das cuenta...?
- Es una forma de hablar que todo el mundo entiende...
- ¿Ves? Todo el mundo... ¿Y quién es todo el mundo?
- Vale, Claudio: me rindo.
Ellworth Kelly: Blue Green Red
- No, Carlota; no se trata de eso. Lo que ocurre es que ese tipo de preguntas favorece la confusión y lo que necesitamos es justamente lo contrario: precisión, claridad...
- La cosa es muy sencilla, Claudio: por qué no respondes a la pregunta que te he hecho.
- Te estoy respondiendo, Carlota. Lo primero es justamente lo que acabo de decirte: lo que está pasando es que, al amparo de la palabra crisis, lo mezclamos todo, todo lo ponemos al mismo nivel; no delimitamos ni jerarquizamos los problemas. Y esto no sólo alimenta la confusión sino que además aviva la sensación de rabia e impotencia.
- (Interviene Teresa) A eso contribuyen sistemáticamente los medios de comunicación...
- En efecto -responde Claudio. Nos dejamos llevar por el impacto, la pulsión mediática, que abona el campo de las emociones y entorpece el tránsito de los argumentos. En el totum revolutum, el cabreo prevalece sobre el razonamiento.
Y eso favorece al status, al poder realmente existente.
Y está pasando también -continua Claudio- que ese poder, a quien nadie controla, aprovecha la crisis económica -que él mismo ha generado- para derribar, destruir, asolar logros y conquistas sociales. En sus manos, la crisis es el instrumento de una estrategia política que alienta el resentimiento y la intolerancia, que favorece la desigualdad y la injusticia, que erosiona la democracia y desactiva la libertad.
- Está claro -dice Julián- que el objetivo de la derecha es acabar con el Estado social.
- Me imagino a los pelotas y sicarios de Bruselas - comenta Marta con un deje de amargura- cantando aquello de "se acabó la diversión / llegó Ángela Merkel / y mandó a parar..."
- [Darío, interrumpiéndola] No fastidies, Marta. No mezcles a Carlos Puebla y a Fidel con la Merkel...
- Es una broma triste -aclara Marta.
- Pues a mí, ni como broma -le responde Darío.
- Vale.
- [Antonio] Prosigue, Claudio, por favor.

Felix Kube: Tela

- Lo que está pasando es que el capital está fuera de todo control. El dinero se mueve a su antojo, va y viene, entra y sale, sin otro móvil y objetivo que no sea la especulación, el rédito y el beneficio. Y ocurre que quienes nos gobiernan se comportan más como gestores de esos intereses que como representantes de los ciudadanos. Actúan como si no tuvieran responsabilidad alguna en lo que está pasando. ¿No has visto cómo bromean y se ríen cuando están reunidos? Solidarios en su ineptitud y cómplices en su desvergüenza, estos lacayos del capital reservan su severidad y su rigor para los más débiles, para los más indefensos...
- [rarodeluna] Está claro, ¿no?: los parados y los pobres, ¡que se jodan! 
- [Darío] Y por qué soportamos a esa charpa de canallas engreídos, de gamberros con corbata.
- El problema no termina ahí -continúa Claudio. Pues pasa también que la izquierda (partidos, sindicatos, intelectuales, grupos sociales...) no sabe qué hacer. Se muestra dubitativa, inconstante, insegura, perpleja: sin iniciativa y sin ideas, sin arrojo y sin imaginación. No tiene discurso y cuando juega lo hace siempre a la defensiva.
- Supongo -dice Carlota- que te refieres a la izquierda institucional...
- Especialmente a esa izquierda, sí, por la relevancia que tiene -le responde Claudio-, pero me refiero a toda izquierda.
- Ahora eres tú -dice Carlota- quien favorece la confusión.
- ¿Por qué?
- Porque mezclas los partidos y sindicatos oficiales...
- ¿Oficiales? (Interviene Marta)
- ... con los movimientos de base, con las alternativas al sistema...
- (Marta) Por favor, Carlota, aclárame qué es eso de "oficiales".

                                                                               (Continuará)


viernes, 7 de junio de 2013

Antología parcial / 88





                         Sin darse uno cuenta

Sin darse uno cuenta,
sin poder creer,
insólita como la adolescencia:
la entrada en la vejez.
También comienza con la propia voz
que de pronto un día
nos suena extraña, ajena,
y en el espejo una cara
nos mira
como si no fuera la nuestra.
Y uno vuelve a dudar,
a no saber quién es,
a ensimismarse y caer
en el pozo de la extrañeza.
Pero ahora no hay
padre a quien preguntar
o contra quien rebelarse,
ni madre en cuyo regazo
apoyar la cabeza
para que amaine
la fiebre o la soledad.
Y uno va por las calles
mirando, de soslayo, a las mujeres
que pasan radiantes,
avivando
ya más que el deseo,
una incurable
nostalgia de futuro.
Y de noche, al lado: el cuerpo amado,
no hace mucho deseante y deseado,
y ahora como el de uno:
cubriéndose avergonzado
con la sábana y las manos
la ajada desnudez.
Última adolescencia,
más grave y huérfana:
la entrada en la vejez.
Y al término de ella:
no ya la juventud,
tampoco la madurez.
 

Eduardo Mitre: Obra poética (2012)


miércoles, 5 de junio de 2013

Rayuela




Rayuela es uno de los grandes manifiestos de la modernidad latinoamericana, en ella vemos todas nuestras grandezas y todas nuestras miserias, nuestras deudas y nuestras oportunidades, a través de una construcción verbal libre, inacabada, que no cesa de convocar a los lectores que necesita para seguir viviendo y no terminar jamás.
                                                                  Carlos Fuentes

El efecto de Rayuela cuando apareció en 1963, en el mundo de lengua española, fue sísmico. Removió Hasta los cimientos las convicciones o prejuicios que escritores y lectores teníamos sobre los medios y los fines del arte de narrar y extendió las fronteras del género hasta límites impensables.
Gracias a Rayuela aprendimos que escribir era una manera genial de divertirse, que era posible explorar los secretos del mundo y del lenguaje pasándola muy bien, y, que jugando, se podía sondear misteriosos estratos de la vida vedados al conocimiento racional, a la inteligencia lógica, simas de la experiencia a las que nadie puede asomarse sin riesgos graves, como la muerte y la locura. En Rayuela razón y sinrazón, sueño y vigilia, objetividad y subjetividad, historia y fantasía perdían su condición excluyente, sus fronteras se eclipsaban, dejaban de ser antinomias para confundirse en una sola realidad, por la que ciertos seres privilegiados, como la Maga y Oliveira, y los célebres piantados de sus futuros libros, podían discurrir libremente.
                                                                  Mario Vargas Llosa

Lo que más me gusta es, digamos, lo que tiene Kafka: la posibilidad de partir de un hecho sencillo y cotidiano, aparentemente sin importancia, de desarrollar un relato en el que cada palabra va retorciendo esa aparente normalidad para, poquito a poco, llegar a una situación totalmente imprevisible. Kafka no leyó a Cortázar, pero si hubiera la posibilidad de que lo leyera diríamos que son espíritus afines.
Rayuela es una gran novela que no sabemos nunca dónde está, una vez que se puede organizar de todas las formas posibles e imaginarias. La novela normal es fija, inmóvil, no se mueve, pero Rayuela no. Rayuela nunca está. Siempre se está moviendo. Incluso si el lector hace una sola lectura de Rayuela, se quedará con la imagen de una novela inmóvil, pero porque ese lector ha sorprendido la novela en un momento en que ésta se encuentra inmóvil. Sin embargo, en la lectura siguiente se moverá.
                                                                  José Saramago

Horacio Oliveira es un hombre que está poniendo en tela de juicio todo lo que ve, todo lo que escucha, todo lo que lee, todo lo que recibe, porque le parece que no tiene por qué aceptar ideas recibidas, estructuras codificadas, sin primero pasarlas por su propia manera de ver el mundo, y, entonces, aceptarlas o rechazarlas.
La intención de Rayuela es eliminar toda pasividad en la lectura, en la medida que ello sea posible, y colocar al lector en una situación de intervención continua, página a página o capítulo a capítulo.
                                                                  Julio Cortázar