domingo, 15 de mayo de 2011

Por un cambio político y social

Miles de personas han participado en las 50 manifestaciones promovidas en otras tantas ciudades españolas por diversos colectivos, reclamando democracia real y un cambio político y social.

rarodeluna, colectivo sociopoético que promueve la movilización permanente contra la injusticia y la soledad, ha participado en esta convocatoria, a la que han contribuido además con esta letrilla.


Letrilla


¿Quién se pasea tan pancho
Sin que nadie lo moleste
Por el norte y por el sur
Desde levante a poniente
Sin temor a las fronteras
Ni a las normas ni a las leyes
Vacilando al personal
Y abusando de la gente?

Su eminencia el Capital.

¿Quién sin pudor ni vergüenza
Sin cuidado ni respeto
Se lucra con el dolor 
Y a la vida pone precio?
¿Quién pone tasa al amor
A la esperanza, a los sueños?
¿Y quién convierte el futuro
En un interés y un rédito?

Su majestad el dinero.

¿Quién a su antojo controla
De los hombres el trabajo
En la fábrica, en la mina,
En las aulas, en el tajo,
En la oficina o el mar
Sin que le importe un carajo
Su vida y su suerte y sí
La cuenta de resultados?

Su santidad el mercado.

Pues si todo esto sabes
Y lo tienes todo claro
También sabrás, compañero,
Que al fin son todos lo mismo
El capital, el dinero
El beneficio, el mercado
Es decir, capitalismo.
Y que no cabe otra opción:
O contra él, o a su lado.

                          rarodeluna

lunes, 9 de mayo de 2011

Down and out

 
No lo molestéis ahora –nos dice Antonio a Teresa y a mí en cuanto nos ve entrar en Laramie, refiriéndose a Claudio. Lleva ahí –y señala al salón– un buen rato escuchando música y tomando notas. Una y otra vez –continúa Antonio– vuelve a la misma canción: “Nobody knows you when you down and out”, de la que tiene casi todas las versiones. No sé lo que le pasa, pero cuando Claudio elige esa canción es que está rumiando algo y lo mejor es dejarlo tranquilo. Así que Teresa y yo nos quedamos disciplinadamente en la barra, intentando averiguar qué es lo que le podría ocurrir a Claudio.

Conforme iban llegando los demás, repetíamos lo que nos había dicho Antonio y seguíamos en la barra. Hasta que llegó Carlota quien, sorprendida por nuestra actitud, entró en el salón le dio dos besos a Claudio y le preguntó qué le pasaba. Nada, respondió Claudio. Lo que no sé –añadió– es qué les pasa a los demás; llevan un buen rato cuchicheando ahí, en la barra… ¿Por qué no entran? Es que piensan que estás preocupado por algo y no quieren molestarte –le dice Carlota. ¿Preocupado? –le responde– ¿Molestarme? Esto es obra de Antonio. Anda, diles que se ha reído de ellos; que vengan y se sienten aquí, como siempre.
¿Qué es eso de que escuchas una y otra vez la misma canción en distintas versiones?, le pregunta Carlota a Claudio, mientras con un gesto les dice a los demás que se acerquen. Como me lo van a preguntar también los demás –responde Claudio–, mejor esperamos que lleguen y se sienten, ¿no te parece? Por cierto –añade–, voy a pedirle a Antonio que prepare un cóctel que alivie mis presuntas preocupaciones. 
Cuando todos nos hubimos sentado, Claudio compartió con nosotros ese intrascendente secreto, como él mismo lo llamó, que Antonio nos había desvelado: desde que la escuchó por primera vez, la canción de Jimmy Cox le produjo tal impresión que desde entonces forma parte de eso que el propio Claudio llama su colección particular. Mi versión favorita –dice con evidente entusiasmo– es la de “Detroit” Gary Wiggins & CC – The Boogie Man. ¡Es una obra maestra del blues! Claro que hay versiones para todos los gustos. Entre las que he revisado esta tarde me quedo con la de Josh White. Sin olvidar, por supuesto, la de Janis Joplin o esa personalísima versión que hace Alberta Hunter. Pero seguro que os estoy aburriendo… 

Dora García: Steal this book

De eso nada, interviene Antonio, que llega con el cóctel que le había pedido Claudio. Como Claudio lleva un buen rato alimentando la melancolía, he preparado un Bellini, un suave y riquísimo cóctel veneciano. Que os aproveche. Niego la mayor, responde Claudio, pero me parece una elección acertada.
No lo niegues, Claudio, le dice Julián. Estás preocupado por algo y si no llega a ser por Carlota aún estarías ensimismado en ese sillón, escuchando blues y tomando notas en tu libreta. Si no quieres hablar de ello, respetaremos tu silencio… Son cosas mías, Julián. Como decía Bataille, será que envejezco y me debilito, pero lo cierto es que últimamente cometo demasiadas torpezas. Esta mañana me he comportado de un modo irresponsable y temerario, dedicando demasiado tiempo a la lectura de los periódicos. He comenzado leyendo las crónicas del inicio de la campaña electoral… ¡Pero, hombre! ¿Cómo se te ocurre…? Espera, Antonio; no me interrumpas. Después he leído una entrevista con Dora García, que me ha dejado un extraño sabor de boca. ¿Sabes, Darío, qué dice esta mujer que, en términos periodísticos, lleva varios años en lo más alto del podio artístico? Que el arte no tiene que entenderse en absoluto, que el arte puede ser lo que quiera, aburrido a muerte o histéricamente divertido, hermoso o espantoso, ordenado o caótico, culto o extremadamente idiota… Ah, y que el verdadero problema del arte es la constante injerencia de los políticos… Para colmo, después he leído un largo reportaje sobre la explotación laboral infantil en varios países asiáticos… Llegó un momento en que todo se confundía en mi retina, en mi mente y en mi estómago… 
Una mala digestión, Claudio –le dice Antonio, sonriente y cordial. A tu edad deberías ser más precavido y no darte esos atracones. ¿Qué os parece si hablamos de otras cosas? Y eso fue lo que hicimos. Sin ponernos de acuerdo, nos dedicamos a hablar de esas pequeñas cosas que… Pero esa es otra historia, que diría Antonio.

En las cuatro estaciones recojo dos nuevas citas de la colección de Claudio, la nueva entrega de la Antología parcial de Julián, un borrador que me deja rarodeluna con la condición de que no lo publique por ahora y la invitación que nos envía Juan Carlos Reche desde Montevideo.
Se trata de la presentación en el Centro Cultural de España en Buenos Aires de la antología Para los años diez –7 poetas españoles nacidos en los 70– de Juan Carlos Reche, colección Nomeolvides, Casa Editorial HUM. Será el martes 17 de mayo, a las 19’30 y participarán en el acto Arturo Carrera, Abraham Gragera, Juan Antonio Bernier y el propio Reche.

Política(s)


[Sócrates.-] "A mi modo de ver, los atenienses son, y también los demás griegos lo creen así, un pueblo inteligente. Ahora bien: cuando la Asamblea se reúne, veo que, si se trata de construcciones que hay que emprender, se llama a consulta a los arquitectos; si se trata de navíos, a los armadores, y así en todas las demás cosas que se considera que se pueden enseñar y aprender; y si cualquier otra persona que no esté considerada como técnica en la materia se mezcla en ello para dar su opinión, por muy rico, bello o noble que uno pueda ser, no por ello se le hace más caso, antes al contrario, es objeto de burlas y abucheos hasta que, al fin, nuestro consejero o bien se marcha por su propio pie o es arrancado de la tribuna y echado por los arqueros, a una orden de los prítanos. Esta es la forma en que la gente se conduce cuando la materia en discusión les parece exige un aprendizaje. Si, en cambio, se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, curtidores, comerciantes y marinos, ricos y pobres, nobles y gentes del vulgo, y nadie les echa en cara, como en el caso anterior, que se presentan allí sin estudios previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo..."
Platón


*


“La calidad de la legislación política, en lo que a racionalidad práctico-moral se refiere, no sólo depende de cómo trabajan en el parlamento las mayorías elegidas y las minorías protegidas. Depende también del nivel de participación y del nivel de formación de los participantes, del grado de información y de la claridad con que en el seno de la opinión pública quedan articuladas las cuestiones de que se trate. La calidad de la vida pública viene en general determinada por las oportunidades efectivas que abra el espacio público-político con sus medios de comunicación y sus instituciones”.
J. Habermas

domingo, 8 de mayo de 2011

Antología parcial / 13




Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso!
¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto— todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.

Oliverio Girondo: Espantapájaros (1932)

miércoles, 4 de mayo de 2011

Café de sobremesa


Esta tarde he compartido en Laramie un excelente café Borgia con Carlota, Teresa, Darío y Marta, además de Antonio, claro. Todos hemos coincidido en que últimamente andamos inquietos y preocupados.
No es para menos, dice Marta: ¿os fijasteis en los datos de participación en las manifestaciones del primero de Mayo? Y no me vengas ahora con monsergas, le dice a Darío, anticipándose a una de las suyas. Me conozco de memoria la retahíla de reproches y descalificaciones antisindicales, aclara Marta en seguida. Lo que trato de decir, y tú lo sabes muy bien porque me conoces, es que es incomprensible que con casi cinco millones de parados no sean multitud quienes salen a la calle. Es que estarían viendo el replay de la boda del siglo, le responde Darío. No, Marta, no son milongas. Claro que hay muchísimos reaccionarios, a la derecha y a la izquierda, que han hecho del antisindicalismo una cuestión de principios. Sospechosamente cuando hablan mal de los sindicatos se refieren siempre a CCOO y a UGT. Pero no me negarás –añade Darío– que los llamados sindicatos de clase andan, digamos, desconcertados, que han perdido el norte, vamos, que están demasiado burocratizados o peor aún demasiado institucionalizados. 

Juanjo D.: Agua helada
Vale, Darío –interviene Teresa–, supongamos que es cierto eso que dices de los sindicatos. Pero, ¿tú has oído estos días a la gente? ¿Has visto, leído u oído lo que decían, de lo que hablaban? ¿Por qué les preocupa más un partido de fútbol que el desempleo, la situación en Fukushima o, no sé, cómo vamos a pagar la deuda del Estado.
¿Y qué me dices del espectáculo de la muerte de Big Laden –añade rarodeluna, que en ese momento se incorpora al grupo? ¿Habéis recibido el Suelto que nos ha enviado Pedro? ¿Qué os parece todo este montaje? Podéis pensar que alucino o que es una paranoia, espero que transitoria, pero desde ayer tengo bastantes dificultades para acceder a determinadas web de información alternativa. Algo está pasando, ¿no?, dice rarodeluna dirigiéndose a Antonio que le ha acercado su Borgia y que le responde con un pruébalo, es excelente.
Carlota me recuerda lo que ya me dijo hace unos días y que yo he olvidado: que se han borrado dos de las primeras entradas de nuestro blog, Nuevas coplas de Carmen Romero y Taxonomía bibliográfica. Le he asegurado que hoy mismo las volveré a editar y aquí están de nuevo.

Taxonomía bibliográfica


Todos ustedes conocen aquella historia de Borges que, según el propio Foucault, inspiró Las palabras y las cosas. Ya saben: la de la enciclopedia china, Emporio celestial de conocimientos benévolos, donde se recogía una asombrosa taxonomía del mundo animal: “(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”... 
Redy: Líneas para leerlas
Naturalmente, Claudio también la conoce (yo diría que de memoria). De hecho, “El idioma analítico de John Wilkins” le sugirió el esquema de su aún inconcluso “Ensayo para la elaboración de un catálogo de libros necesarios”. “Pero lo que en Borges es pura y riquísima alegoría, en mi caso es mera voluntad taxonómica”, apostilla Claudio, mostrándome como prueba el índice de uno de los capítulos de su ensayo:
& Libros de los que se habla mal sin haberlos leído. La decadencia de Occidente, de O. Spengler.
& Libros de los que se habla bien sin haberlos leído. Divina Comedia, de Dante.
& Libros de los que se habla sin necesidad de leerlos. Naturalmente, el Quijote.
& Libros de los que se habla bien a pesar de haberlos leído. Soldados de Salamina, de Javier Cercas.
& Libros de los que se habla por prescripción académica. Soledades, de Luis de Góngora.
& Libros de los que se habla por prescripción estética. Paradiso, de Lezama Lima.
& Libros de los que ni siquiera se habla. [Véase memorial de poetas agraviados…]
& Libros de los que no hace falta hablar. [Ibídem]
& Libros de los que no se puede hablar. [Véase censura, Índice de libros prohibidos…]
Claudio no me dio tiempo a reaccionar. Me tengo que marchar –dijo–; ya hablaremos en otro momento. Te dejo esta copia y una cita de mi colección.

(Editado el 11/01/2011)

Nuevas coplas de Carmen Romero


Pablo Picasso: Vaso y botella de Suze
Todo comenzó hace unos días, el pasado treinta de diciembre. Era el último jueves del mes y ese es el día del duelo y la aflicción en Laramie. En un acto breve y sencillo se lamenta la pérdida, simbólica o real, de algo o de alguien. Después se sirve un cóctel preparado expresamente para ese día.
El último jueves del año estuvo dedicado a la pérdida del recato en algunos personajes públicos. Se escogió para la ocasión la noticia del nombramiento de Felipe González como consejero de Gas Natural, glosada por Pedro en uno de sus últimos Sueltos.
“Recordad que se trata de un motivo para la reflexión y no de una excusa para el escarnio”, dijo Antonio antes de comenzar el acto, que esta vez corrió a cargo de rarodeluna, un colectivo sociopoético que promueve la movilización permanente contra la injusticia y la soledad y uno de cuyos miembros –por cierto, el único que conozco– leyó el texto escrito a raíz de aquel nombramiento:

Nuevas coplas de Carmen Romero

Díselo, Carmen Romero.
A Felipe, a Zapatero,
a Chaves, Guerra, Solana,
a la basca de la pana,
a ése que está en Europa
defendiendo al capital…;
díselo a toda esa tropa
que dejó de ser marxista
para hacerse socialista
se subió al coche oficial
y se olvidó por entero
de que esa O es la O de obrero.

Diles, Carmen, que Felipe
se ha pasado; que es un flipe
ver que el cambio desemboca
en una obscena bicoca,
en el mullido sillón
de una multinacional;
diles que eso no es legal
(me refiero al corazón),
que no es justo ni decente
que ellos vivan ricamente
mientras urden a traición
la reforma laboral.

Recuérdale a Zapatero
y también al Aparato
los términos del contrato,
y dile que lo primero
es evitar la injusticia
impedir que la codicia
envilezca al personal
que una rosa sin rosal
naufraga en las oficinas
dile que por las esquinas
anda el sueño prisionero.
Díselo, Carmen Romero.
                                  rarodeluna

Hubo quienes, como Teresa y Darío, aplaudieron con entusiasmo; otros, como Julián o yo mismo, con cariñoso respeto. Claudio aprovechó el momento para limpiar las gafas. ¿Qué pasa? –preguntó Teresa– ¿No os ha gustado?. No está mal –respondió Julián–, es un homenaje digno; pero carece de la frescura de las Coplas de Egea. En estas pesa demasiado el sarcasmo. Pero, bueno –exclamó Darío–, ¿cómo puede decir eso un paisano de Quevedo? A mí me ha parecido sencillamente genial. ¿No es cierto, Claudio? ¿Quién quiere un cóctel?, dijo Claudio, cortando por la sano.  
Esta vez se trataba de un soberbio ponche de navidad. “Es la versión básica –dijo Antonio cuando lo felicitamos–: whisky de centeno, Southern Comfort, ron oscuro y algunos detallitos más: caramelo, limón, canela, miel…”.
Sospecho que el ponche contribuyó a que esa misma noche, después de la cena, decidiéramos abrir las puertas de esta casa. Eso sí, antes tuvimos que convencer a Antonio y a Claudio, que se mostraron renuentes con el proyecto hasta que por fin aceptaron, “provisionalmente”, participar en esta “pintoresca aventura”, según Claudio. Eso sí, con tres condiciones. La primera, que yo me encargaría de todo. La segunda, que no revelaría la tercera condición.
“¿Tú crees que esto saldrá bien?”, me preguntó Antonio al despedirnos. “No lo sé”, le respondí.

(Editado 07/01/2011)