domingo, 11 de marzo de 2012

Allí están ellos


(Panfleto)

Allí donde convergen los banqueros
sus cómplices, sus fieles ordenanzas
y toda la canalla del dinero.

En los vastos salones sin ventanas
donde trasiegan blanco sobre negro
calculan rédito y suman ganancia.

Allí están ellos.

En Frankfurt, en la City, en Wall Street
en los turbios despachos financieros
en Hong Kong, en París, Tokio o Madrid...

En Davos, donde acuden los expertos,
a los pies de la mágica montaña
a sellar compromisos y silencios.

Allí están ellos.

Allí donde la noche no descansa
porque allí no hay lugar para los sueños
(en Bolsa no cotiza la esperanza)

donde la justicia no tiene asiento
donde igualdad es sólo una palabra
en el aire, la sombra de un recuerdo.

Allí están ellos.

donde la luz naufraga en los espejos
porque allí no hay mañana y ni esperanza
posible: todo es puro dividendo.

Allí.

                                         rarodeluna

jueves, 8 de marzo de 2012

Antología parcial / 45




Sala de tránsito

¿Cómo será la muerte?
Debe tener olor a hospital
a una sala de espera
en cualquier aeropuerto
ese olor a fenol
de los hospitales
ese sabor tedioso
de los aeropuertos.
Me siento muerta allí
ni siquiera se acercan los recuerdos
me siento hipnotizada
por las voces exangües
que anuncian las llegadas
las salidas
por toda esa gente ensimismada :
se levantan
esperando su turno
su destino.
¿Será eso la muerte
sólo eso :
un borroso paréntesis
un letargo sin fondo
un limbo organizado
para el viajero en tránsito ?

Claribel Alegría:Variaciones en Clave de Mí (1993)


martes, 6 de marzo de 2012

La voluntad general



"Cuando muchos hombres reunidos se consideran a sí mismos un solo cuerpo, no tienen más que una voluntad que se dirige a la común conservación y al bienestar general. Entonces todos los resortes del Estado son vigorosos y sencillos, sus máximas claras y luminosas, no tienen intereses confusos ni contradictorios, el bien común se muestra por todas partes claramente, y cualquiera que tenga buen discernimiento sabrá distinguirle. La paz, la unión y la igualdad son enemigas de las sutilezas políticas. Es difícil engañar a los hombres rectos y sencillos a causa de su simplicidad: las astucias, los sutiles pretextos, no pueden nada con ellos pues no son bastante astutos como para poder ser engañados. Cuando vemos en el pueblo más dichoso del mundo que un grupo de aldeanos arregla los asuntos del Estado a la sombra de una encina y que siempre obran con juicio; ¿podemos dejar de despreciar las sutilezas de las demás naciones que se hacen ilustres y miserables con tanto arte y con tantos misterios? 

Chillida - Leku

Un Estado gobernado de esta suerte necesita muy pocas leyes, y cuando se hace preciso promulgar algunas nuevas, se ve generalmente su necesidad. El primero que las propone no hace más que decir lo que todos han conocido ya; y no son necesarias las intrigas ni la elocuencia para hacer pasar por ley lo que cada cual ha determinado hacer, apenas esté seguro de que los demás lo harán como él.
Lo que engaña a los que discurren sobre esto es que, viendo tan sólo Estados mal constituidos desde su origen, los desorienta la imposibilidad de mantener en ellos una política semejante. Se echan a reír al imaginar todas las necedades que un pícaro hábil y un charlatán pueden hacerle creer al pueblo de París o al de Londres. Ignoran que el pueblo de Berna hubiera encerrado a Cromwel con los mentecatos, y que los ginebrinos hubieran puesto en la casa de corrección al duque de Beaufort.
Pero cuando el nudo social empieza a ceder y el Estado a relajarse, cuando los intereses particulares empiezan a hacerse sentir y las pequeñas sociedades a influir en la grande, el interés común se altera y encuentra oposición. Ya no hay unanimidad en los votos; la voluntad general ya no es la de todos; se suscitan contradicciones y debates; y el mejor parecer no se adopta sin disputas.

Rafael Canogar: don Quijote

En fin, cuando el Estado, cercano a su ruina, subsiste solamente por una formalidad ilusoria y vana, cuando el vínculo social se rompe en todos los corazones, cuando al más vil interés se le suma el descaro con el nombre sagrado del bien público, la voluntad general enmudece. Guiados todos por motivos secretos, no opinan ya como ciudadanos sino como si jamás hubiese existido el Estado; y se hacen pasar falsamente con el nombre de leyes los decretos inicuos que sólo tienen por fin un interés particular.
¿Acaso de aquí se sigue que la voluntad general esté anonadada o corrompida? No por cierto. Ésta es siempre constante, inalterable y pura; pero está subordinada a otras que pueden más que ella. Cada cual, separando su interés del interés común, ve bien claro que no puede separarle de él enteramente; pero su parte del mal público no le parece nada en comparación con el bien exclusivo del que pretende apropiarse. Exceptuado este bien particular, quiere el bien general por su propio interés tan ardientemente como cualquier otro. Aun vendiendo su voto por dinero, no extingue en sí la voluntad general, sino que la elude. La falta que comete consiste en cambiar los términos de la cuestión y en contestar una cosa diferente de la que le preguntan; de modo que, en vez de decir por medio de su voto: conviene al Estado, dice: conviene a tal hombre o a tal partido que tal cosa sea aceptada. Así, pues, la ley del orden público en las asambleas no consiste tanto en mantener en ellas la voluntad general como en hacer que siempre sea consultada y que responda siempre a sus fines.
Muchas reflexiones podría hacer aquí sobre el simple derecho de votar en todo acto de soberanía, derecho que nadie puede quitar a los ciudadanos, y sobre el de opinar, proponer, dividir y discutir, derecho cuyo ejercicio el gobierno tiene mucho cuidado en no permitir más que a sus miembros. Pero esta importante materia exigiría un tratado aparte y no es posible decirlo todo en éste.

Jean-Jacques Rousseau: El contrato social, IV, I.

domingo, 4 de marzo de 2012

Poética / Benn



Un poema no nace espontáneamente; es el resultado de un proceso de composición.

Tras todo poema siempre se encuentra al autor, por invisible que sea.

La poesía es forma. Los contenidos de un poema se encuentran por doquier, todo el mundo los tiene..., es el bagaje propio del hombre, su patrimonio en medida más o menos múltiple y sublime, pero sólo deviene poema lírico cuando toma cuerpo en una forma que haga autónomo este contenido, lo dirija, cree a partir de éste, con las palabras, un encantamiento. Una forma aislada, una forma en sí, no existe. Ella es el ser, la misión existencial del artista, su meta... la forma es el contenido más elevado.

La poesía moderna, la poesía absoluta es la poesía sin fe, la poesía sin esperanza, la poesía que no se dirige a nadie; una poesía de palabras que usted ensambla de un modo fascinante.

Palabras, palabras: ¡sustantivos! Les basta abrir las alas para que de su vuelo caigan milenios.


El arte es formación y ruptura, es un juego fatal de fuerzas incipientes, pendientes de solución, fragmentarias. Es cierto que también es político e incluso eminentemente político, pero en un sentido muy distinto al que lo son todas las otras manifestaciones culturales y políticas. El arte es político en el seno de aquellas profundas capas del ser en las que surgen las verdaderas revoluciones; es allí donde deja su impronta, haciendo imposible cualquier retroceso.

La lírica es un producto artístico.

                                                                  Gottfried Benn


viernes, 2 de marzo de 2012

Pesimismo económico



"Estamos sufriendo en este momento un fuerte ataque de pesimismo económico. Es  muy corriente escuchar a la gente decir que la época de enorme progreso económico que caracterizó el siglo XIX ha pasado para siempre; que la rápida mejora del nivel de vida está ahora haciéndose más lenta [...]; que una disminución de la prosperidad es más probable que una mejora en la década  que tenemos ante nosotros.
Creo que esta es una interpretación tremendamente equivocada de lo que nos está sucediendo. Estamos sufriendo no el reumatismo de la vejez, sino los dolores crecientes que acompañan a los cambios excesivamente rápidos, el dolor del reajuste de un período económico a otro. El aumento de la eficiencia técnica ha tenido lugar con mayor velocidad que la que desarrollamos para tratar nuestros problemas de absorción de trabajo. La mejora del nivel de vida ha sido un poco demasiado rápida; el sistema bancario y monetario del mundo ha estado impidiendo que el tipo de interés disminuya con la rapidez necesaria para alcanzar el equilibrio [...]

Guido Mandozzi

La depresión mundial reinante, la enorme anomalía del desempleo en un mundo lleno de necesidades, los desastrosos errores que hemos cometido nos ciegan para ver lo que está pasando bajo la superficie y nos impiden alcanzar la verdadera interpretación. de la tendencia de los hechos. Basándome en ellos me atrevo a predecir  que los dos errores opuestos del pesimismo que ahora hacen mucho ruido en el mundo se demostrarán equivocados en nuestro tiempo: el pesimismo de los revolucionarios que piensan que las cosas están tan mal que no nos puede salvar más que un cambio violento, y el pesimismo de los reaccionarios que consideran tan precario el equilibrio de nuestra vida económica y social que piensan que no debemos correr el riesgo de hacer experimentos.
[...]
Cuando la acumulación de riqueza ya no sea de gran importancia social, habrá grandes cambios en el código de la moral. Podremos librarnos de muchos de los principios pseudomorales que han pesado durante doscientos años sobre nosotros, siguiendo los cuales hemos exaltado algunas de las más desagradables cualidades humanas, colocándolas en la posición de las virtudes más altas. Podremos permitirnos el atrevimiento de dar al dinero su verdadero valor. El amor al dinero como posesión, a diferencia del amor al dinero como un medio para gozar de los placeres y realidades de la vida, será reconocido por lo que es: una morbosidad algo repugnante [...]  
Blu
Todas las costumbres sociales y las prácticas económicas que afecten a la distribución de la riqueza y de las recompensas y las sanciones económicas, que ahora mantenemos a toda costa [...] porque son tremendamente útiles para promover la acumulación de capital, serán desechadas por fin porque entonces seremos libres de hacerlo.
Por supuesto, todavía habrá mucha gente insatisfecha que perseguirá ciegamente la riqueza [...] Pero el resto de nosotros ya no tendrá ninguna obligación de aplaudirles y animarles.
[...]
Pienso con ilusión en los días no muy lejanos del mayor cambio que nunca se haya producido en el entorno material de la vida para los seres humanos. Por supuesto, todo ocurrirá gradualmente, no como un catástrofe. De hecho, ya ha comenzado. Los acontecimientos se desarrollarán sencillamente en el sentido de que habrá clases y grupos mayores de personas en los que los problemas de la necesidad económica prácticamente habrán sido eliminados [...]
El ritmo con que podemos llegar a nuestro destino de felicidad económica será regido por cuatro cosas: nuestro poder para controlar la población, nuestra determinación para evitar las guerras y las desavenencias civiles, nuestra disposición a confiar a la ciencia  la dirección de los asuntos que son propios de la misma, y la tasa de acumulación fijada por la diferencia entre nuestra producción y nuestro consumo; de las cuales, la última fácilmente se resolverá por sí misma, dadas las tres primeras [...]".
 
John Maynard Keynes: Las posibilidades económicas de nuestros nietos (1930)