domingo, 17 de junio de 2012

Antología parcial / 54





Está en penumbra el cuarto, lo ha invadido
la inclinación del sol, las luces rojas
que en el cristal cambian el huerto, y alguien
que es un bulto de sombra está sentado.
Sobre la mesa los cartones muestran
retratos de ciudad, mojados bosques
de helechos, infinitas playas, rotas
columnas: cuántas cosas, como un muelle,
le estremecieron de muchacho. Antes
se tendía en la alfombra largo tiempo,
y conquistaba la aventura. Nada
queda de aquel fervor, y en el presente
no vive la esperanza. Va pasando
con lentitud las hojas. Este rito
de desmontar el tiempo cada día
le da sabia mirada, la costumbre
de señalar personas conocidas
para que le acompañen. y retornan
aquellas viejas vidas, los amigos
más jóvenes y amados, cierta muerta
mujer, y los parientes. No repite
los hechos como fueron, de otro modo
los piensa, más felices, y el paisaje
se puebla de una historia casi nueva
(y es doloroso ver que aún con engaño,
hay un mismo final de desaliento).
Recuerda una ciudad, de altas paredes,
donde millones de hombres viven juntos,
desconocidos, solitarios; sabe
que una mirada allí es como un beso.
Mas él ama una isla, la repasa
cada noche al dormir, y en ella sueña
mucho, sus fatigados miembros ceden
fuerte dolor cuando apaga los ojos.
Un día partirá del viejo pueblo
y en un extraño buque, sin pensar,
navegará. Sin emoción la casa
se abandona, ya los rincones húmedos
con la flor de verdín, mustias las vides,
los libros amarillos. Nunca nadie
sabrá cuándo murió, la cerradura
se irá cubriendo de un lejano polvo.

Francisco Brines: Las brasas (1960)

viernes, 15 de junio de 2012

Máscaras y Moscardón


(Poema escénico)

de
rarodeluna

                                                                        (anteriores entregas:
                                                                        I y II,  9/12/11
                                                                       III y IV, 10/1/12)
                   
V

[Máscara
con insignias y galones]

Permítanme que les diga,
aprovechando el descanso,
que de todos los lugares
que esta troupe ha visitado
el más borde y más difícil,
respondón y descarado
ha sido sin duda éste
en el que nos encontramos
ahora...
(Desde el público, cortándolo)
                   ¿Y tú quién eres?
¿Qué pretendes? ¿Regañarnos?
Y esa máscara, ¿a qué viene?
(dice otra voz desde abajo)
¿Por qué te ocultas el rostro?
¡Venga, que ya estamos hartos
de tanta palabrería
y de tanto rollo malo.
(Desde el público, otra voz)
¡Eso! ¿Dónde habéis dejado
las historias de verdad
que anunciasteis?
                                Como antaño
los juglares -nos dijisteis-
traemos un recitado
de emoción y libertad...

(Desde el público, gritando)
¡Silencio! ¡Silencio!¡Basta!
¡Basta ya! (insiste) ¡Callaos!
(La gente guarda silencio
y prosigue el ciudadano
anónimo)
                   ¿No os dais cuenta?
¿En qué estábamos pensando?
¿Cómo somos tan estúpidos?
¿Cómo nos hemos tragado
este estúpido montaje?
(Visiblemente enfadado)
¿Cómo no nos dimos cuenta
de que todo era un engaño?

(Mientras habla el anónimo
ciudadano
Máscara se da la vuelta
como un juguete metálico.
Sin que nadie se dé cuenta
abandona el escenario.)
 

                         FIN


martes, 12 de junio de 2012

Estado del bienestar / 1

(De los orígenes)


La edad de oro, el período que transcurre desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los setenta, fue el resultado de la peculiar combinación keynesiana de crecimiento económico en una economía capitalista basada en el consumo masivo por parte de una población activa plenamente empleada y cada vez mejor pagada y protegida.
Estaba combinación fue posible por:
[a] El consenso político entre la izquierda y la derecha en la mayoría de los países occidentales, una vez eliminada la extrema derecha fascista y ultranacionalista por la segunda guerra mundial, y la extrema izquierda comunista por la guerra fría;
[b] El acuerdo tácito o explícito entre las organizaciones obreras y las patronales para mantener la demanda de los trabajadores dentro de unos límites que no mermaran los beneficios, y que mantuvieran las expectativas de tales beneficios lo bastante altas como para justificar las enormes inversiones sin las cuales no habría podido producirse el espectacular crecimiento de la productividad laboral de la edad de oro.
En la práctica, los acuerdos eran a tres bandas, con las negociaciones entre capital y mano de obra [los ‘interlocutores sociales’] presididos formal o informalmente por los gobiernos.  
Michael Sowa: Melancolía de una noche de verano
Los acuerdos resultaban aceptables para todas las partes. Los empresarios, a quienes apenas les importaba pagar salarios altos en plena expansión y con cuantiosos beneficios, veían con buenos ojos la posibilidad de prever que les permitía planificar por adelantado. Los trabajadores obtenían salarios y beneficios complementarios que iban subiendo con regularidad, y un estado del bienestar que iba ampliando su cobertura y era cada vez más generoso. Los gobiernos conseguían estabilidad política, debilitando así a los partidos comunistas [menos en Italia], y unas condiciones predecibles para la gestión macroeconómica que ahora practicaban todos los estados.
Después de la segunda guerra mundial, en la década de los cincuenta este consenso gravitó alrededor de la derecha (conservadores, democristianos); en los sesenta, con la desaparición de la vieja generación que había presidido la estabilización y el renacimiento del sistema capitalista (Eisenhower, Adenauer, MacMillan, De Gaulle) se produjo un rejuvenecimiento de la política y un giro a la izquierda.
Existe un claro paralelismo entre el giro a la izquierda y el acontecimiento público más importante de la década: la aparición del estado del bienestar en el sentido literal de la expresión, es decir, estados en los que los gastos en bienestar –subsidios, cuidados sanitarios, educación, etc- se convirtió en la mayor parte del gasto público total, y la gente dedicada a actividades de bienestar social pasó a formar el conjunto más importante de los empleados públicos.

E. Hobsbawm: Historia del Siglo XX. Crítica, Barcelona, 1995, págs. 284-287.

lunes, 11 de junio de 2012

Poética / Marinetti



Es necesario destruir la sintaxis, disponiendo los sustantivos al azar, tal como nacen.
Todo sustantivo debe tener su doble, es decir, el sustantivo debe ir seguido, sin conjunción, de otro sustantivo al que está ligado por analogía.

Se debe abolir el adjetivo para que el sustantivo desnudo conserve su color esencial.

Se debe usar el verbo en infinitivo para anular el yo del escritor.

Se debe abolir también la puntuación. Para acentuar ciertos movimientos e indicar sus direcciones se emplearán signos matemáticos: + - x = ( ) y signos musicales.

Las imágenes constituyen la sangre misma de la poesía. La poesía debe ser una serie ininterrumpida de imágenes nuevas.
No existen categorías de imágenes, nobles o groseras, elegantes o vulgares, excéntricas o naturales.
Es necesario orquestar las imágenes disponiéndolas según un máximo de desorden.

Para envolver y atrapar todo lo que hay de más huidizo e imperceptible en la materia es necesario formar tupidas redes de imágenes o analogías.
La analogía no es más que el amor profundo que une las cosas distantes, -aparentemente diversas y hostiles.

Destruir en la literatura el "yo", es decir toda la psicología. El hombre completamente deteriorado por la biblioteca y el museo, sometido a una lógica y a una sabiduría espantosa, ya no ofrece ningún interés. Por lo tanto debemos eliminarlo de la literatura y sustituirlo finalmente por la materia cuya esencia se debe alcanzar a golpes de intuición.

Inventar la imaginación sin hilos.

No es necesario ser comprendidos.

                                                                  F. T. Marinetti


sábado, 9 de junio de 2012

CT: Cultura de la Transición


Desde Herodoto, la principal tarea de un historiador consiste en recoger las historias que merecen ser recordadas, destacando aquellos hechos que, convertidos en acontecimientos, le confieren relevancia a tales historias. Pero el historiador no suele quedarse ahí, en el mero registro historiográfico. Va más allá y, al hilo de su discurso, pone en marcha un proceso en el que el análisis de los acontecimientos implica ensayar hipótesis y formular explicaciones sobre el significado y el sentido de tales historias. Y en ocasiones parece que lo consigue: la narración y lo narrado se articulan de tal modo que el resultado se convierte en Historia. Hasta que alguien proyecta sobre esos acontecimientos otra mirada, formula otras hipótesis y corrige o incluso reescribe esa Historia.

Juan Genovés: Sintonía
En la España contemporánea, el 25 de octubre de 1977 figura como una fecha de singular importancia. Ese día y convocados por el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, la mayoría de los partidos con representación parlamentaria firmaron los Pactos de la Moncloa, un acuerdo que contemplaba una serie de medidas para afrontar la grave situación económica y para procurar estabilidad al proceso político iniciado unos meses antes con las primeras elecciones democráticas. 
Aquel acto devino enseguida en acontecimiento y cristalizó en un término, consenso, que expresaba y simbolizaba la acción conjunta de la mayoría de las fuerzas políticas españolas durante la Transición, el periodo histórico en el que se llevó a cabo el proceso -ejemplar, para algunos-por el que España dejó atrás el régimen dictatorial del general Francisco Franco y se convirtió en un Estado social y democrático de Derecho. Eso es al menos lo que dicen los manuales y las enciclopedias.
Pero Gillem Martínez y quienes participan con él en la edición de CT o Cultura de la Transición tienen una opinión bien distinta sobre aquel acontecimiento y sobre los 35 años que han transcurrido desde entonces. Para ellos, aquel día de octubre se certificó la derrota de la cultura emancipadora y transformadora, esto es, se desactivó la cultura de izquierdas y en su lugar se instituyó una cultura consensual, desproblematizadora y despolitizadora: la  Cultura de la Transición (CT), que se aseguró durante tres décadas el control de la realidad mediante el monopolio de las palabras, el monopolio de los temas y el monopolio de la memoria. "Una aberración cultural que ha supuesto  una limitación diaria a la libertad de expresión, a la libertad de opinión, a la libertad creativa. A la libertad, a palo seco".

Convertida en un elemento propagandístico del sistema, la CT favoreció el clientelismo, legitimó el conformismo y auspició el apesebramiento en todos los ámbitos de la vida cultural del país. Desconectada de la realidad -escribe Amador Fernández Savater- en estas tres décadas la CT ha tratado de desactivar la cultura como interrogación crítica y autónoma sobre la sociedad. La CT no se mete en política, salvo para darle la razón al Estado -dice Guillem Martínez- y el Estado no se mete en cultura, salvo para subvencionarla, premiarla o concederle honores.
Pero la situación ha cambiado -dicen- y la CT con todo su montaje -añaden- se está yendo al garete. Se muere de vieja, pero sobre todo por la irrupción de una cultura crítica alternativa, consciente de que el malestar de hoy es consecuencia de la desmovilización pactada en la Transición. Impulsada por las generaciones de los 70 y 80, la cultura crítica alternativa ha convertido la Red en su lugar de encuentro y el 15M en la expresión de su malestar y el símbolo de su proyecto.
Tales son, si no me equivoco, las premisas del discurso que se despliega en la veintena de textos que componen CT o la Cultura de la Transición, un conjunto misceláneo y desigual que se presenta como "un análisis, una disección de la sociedad española actual" y que "intenta explicar los mecanismos que hacen posible una cultura, la CT, en la que todo está pautado y previsto". Hasta aquí las intenciones.
El resultado es una especie de enmienda a la totalidad, que se pierde en generalizaciones y se diluye en anécdotas cuando no en banalidades. Su más que discutible reduccionismo, la falta de rigor historiográfico en muchos casos y de solvencia argumentativa en más de una ocasión, dañan el conjunto e impiden que se cumplan los propósitos que animaron la edición.
Más allá de eslóganes y marbetes, resulta evidente que para entender la España actual es tan necesario como ineludible revisar, releer y si es necesario reescribir la historia de los 35 años transcurridos desde aquel día de octubre de 1977. Y desde luego hay que hacerlo proyectando otras miradas, planteando otras preguntas, formulando otras hipótesis. Pero hay que hacerlo con toda la experiencia acumulada, y en serio.  

                                                                                              Julián


Gillem Martínez (Coord.) y otros: CT o Cultura de la transición. Crítica a 35 años de cultura española. Mondadori, 2012.



miércoles, 6 de junio de 2012

Tres apuntes

 

Inseguridad
(Trabajo)

La temporalidad y la fragilidad laborales, la discontinuidad y la informalidad están alcanzando a sociedades occidentales hasta ahora baluartes del pleno empleo y el Estado del bienestar.
Alemania es modélica por su forma de contener la crisis, pero el empleo precario crece demasiado. En la década de 1960 solo el 10% de los trabajadores pertenecía a ese grupo; en la de 1980 la cifra ya se situaba en un cuarto, y ahora es de alrededor de un tercio del total. Si los cambios continúan a este ritmo en otros diez años solo la mitad de los trabajadores tendrá empleos a tiempo completo de larga duración.
Cuanto más se desregulan y flexibilizan las relaciones laborales, con más rapidez pasamos de una sociedad del trabajo a otra de riesgos incalculables, tanto desde el punto de vista de las vidas de los individuos como del Estado y la política.
Mientras el capitalismo global disuelve en los países occidentales los valores esenciales de la sociedad del trabajo, se rompe un vínculo histórico entre capitalismo, Estado de bienestar y democracia. No nos equivoquemos: un capitalismo que no busque más que el beneficio, sin consideración alguna hacia los trabajadores, el Estado de bienestar y la democracia, es un capitalismo que renuncia a su propia legitimidad.
                                                                           Ulrich Beck

 

Yuriko Nakao

 

Desconfianza

(Política)

 

Los líderes financieros, desde los ministros de Economía y Finanzas hasta los líderes de instituciones financieras privadas, repitieron el mantra actual: los países en crisis deben poner en orden sus asuntos, reducir sus déficits y deudas públicas, adoptar reformas estructurales y promover el crecimiento. La confianza, reiteraron numerosas veces, debe ser restaurada.
Ese tipo de pontificación suena un tanto afectada cuando proviene de quienes, al mando de bancos centrales, ministerios de Hacienda y Finanzas y bancos privados llevaron al sistema financiero mundial al borde de la ruina y fueron artífices del desastre actual. Y lo que resulta aún peor, poco se explica sobre cómo lograr la cuadratura del círculo. ¿Cómo puede recuperarse la confianza mientras las economías en crisis caen en recesión? ¿Cómo puede revivirse el crecimiento cuando la austeridad probablemente signifique una mayor disminución de la demanda agregada, lo que reducirá aún más la producción y el empleo?
                                                                      Joseph E. Stiglitz

Mark Rothko:  Azafrán

Amnesia

(Europa)

La situación de Europa es grave, muy grave.
No nos engañemos: si se desintegra el euro, lo mismo ocurrirá a la Unión Europea (la mayor economía del mundo), lo que desencadenará una crisis económica mundial que la mayoría de las personas vivas actualmente nunca han padecido. Europa está al borde del abismo y sin duda caerá en él, a no ser que Alemania —y Francia— cambien de rumbo.
Una cosa es segura: la desintegración del euro y de la UE entrañaría la salida de Europa del escenario mundial.
La salvación de Europa depende ahora de un cambio fundamental en la posición en materia de política económica de Alemania y de la de Francia en materia de integración política y reformas estructurales.
Francia tendrá que aceptar una unión política: un gobierno común con control parlamentario común para la zona del euro.
Por su parte, Alemania tendrá que optar por una unión fiscal.
Alemania se destruyó a sí misma –y el orden europeo– en dos ocasiones en el siglo XX y después convenció a Occidente de que había sacado las conclusiones oportunas. Sólo de ese modo, reflejado con la mayor claridad en su aceptación del proyecto europeo, obtuvo Alemania la anuencia para su reunificación. Sería a un tiempo trágico e irónico que una Alemania restaurada por medios pacíficos y con la mejor de las intenciones provocara la ruina del orden europeo por tercera vez.
                                                                  Joschka Fischer


(Remitido por Antonio, sin comentarios)

lunes, 4 de junio de 2012

Antología parcial / 53





                            Rebelión

La rima es el tirano empurpurado,
Es el estigma del esclavo, el grillo
Que acongoja la marcha de la Idea.
¡No aleguéis que sea de oro! ¡El Pensamiento
No se esclaviza a un vil cascabeleo!
Ha de ser libre de escalar las cumbres
Entero como un dios, la crin revuelta,
La frente al sol, al viento. ¿Acaso importa
Que adorne el ala lo que oprime el vuelo?

¡Él es por sí, por su divina esencia,
Música, luz, color, fuerza, belleza!
¿A qué el carmín, los perfumados pomos?...
¿Por qué ceñir sus manos enguantadas
A herir teclados y brindar bombones
Si libres pueden cosechar estrellas,
Desviar montañas, empuñar los rayos?
¡Si la cruz de sus brazos redentores
Abarca el mundo y acaricia el cielo!
Y la Belleza sufre y se subleva…
¡Si es herir a la diosa en pleno pecho
Mermar el torso divinal de Apolo
Para ajustarlo a ínfima librea!

Para morir como su ley impone
¡El mar no quiere diques, quiere playas!
Así la Idea cuando surca el verso
Quiere al final de la ardua galería,
Más que una puerta de cristal o de oro,
La pampa abierta que le grita « ¡Libre!»

Delmira Agustini: El libro blanco, 1907