Mientras
la lectura sea para nosotros la iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en
nuestro interior la puerta de estancias a las que no hubiéramos sabido llegar
solos, su papel en nuestra vida es saludable. Se convierte en peligroso por el
contrario cuando, en lugar de despertarnos a la vida personal del espíritu, la
lectura tiende a suplantarla, cuando la verdad ya no se nos presenta como un
ideal que no esté a nuestro alcance por el progreso íntimo de nuestro
pensamiento y el esfuerzo de nuestra voluntad, sino como algo material.
Alexander Mann: Retrato de Helen Gow |
El
lector ilustrado lee por leer, para recordar lo que ha leído. Para él, el libro
no es el ángel que levanta el vuelo tan pronto como nos ha abierto las puertas
del jardín celestial, sino un ídolo petrificado, al que adora por él mismo, y
que, en lugar de dignificarse por los pensamientos que despierta, transmite una
dignidad falsa a todo lo que le rodea. El ilustrado [...] no sabe extraer de
los libros la substancia que podría fortalecer [su mente]; carga con ellos
íntegramente, y en lugar de contener para él algún elemento asimilable, algún
germen de vida, no son más que un cuerpo extraño, un germen de muerte.
Con los
libros, no hay amabilidad que valga. Con estos amigos, si pasamos la velada en
su compañía, es porque realmente nos apetece.
Marcel
Proust
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