La corrupción, al contrario del deseo, no es un motor ontológico sino simplemente la ausencia de fundamento ontológico de las prácticas biopolíticas del ser.
En el
Imperio1 la corrupción está en todas partes. Es la piedra basal y la
clave de la dominación. Reside en diferentes formas en el gobierno supremo del
Imperio y sus administraciones vasallas, en las fuerzas administrativas
policiales más refinadas y en las más podridas, en los lobbies de las clases
dirigentes, las mafias de los grupos sociales ascendentes, las iglesias y
sectas, los perpetradores y perseguidores del escándalo, los grandes conglomerados
financieros y las transacciones económicas cotidianas. Mediante la corrupción
el poder imperial extiende un manto de humo sobre el mundo, y el comando sobre
la multitud es ejercido en esta nube pútrida, en ausencia de luz y verdad.
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Kasimir Malewitsch:
El hombre en el paisaje suprematista |
[...]
Las formas
en las que aparece la corrupción son tan numerosas que intentar hacer un
listado de ellas es como pretender medir el mar con una taza. Intentemos, sin
embargo, dar algunos ejemplos, aunque no puedan representar a la totalidad. En
primer lugar, hay corrupción como una elección individual que se opone y viola
a la comunidad fundamental y a la solidaridad definida por la producción
biopolítica. Esta pequeña, cotidiana violencia del poder es una corrupción
mafiosa. En segundo lugar, hay corrupción del orden productivo, es decir,
explotación. Esto incluye al hecho que los valores que derivan de la
cooperación colectiva del trabajo son expropiados, y aquello que estaba en lo
biopolítico ab origine público es privatizado. El capitalismo está
completamente implicado en esta corrupción de la privatización.
[...] En
tercer lugar, la corrupción aparece en el funcionamiento de la ideología, o
mejor dicho, en la perversión de los sentidos de la comunicación lingüística.
Aquí la corrupción toca la esfera biopolítica, atacando sus nodos productivos y
obstruyendo sus procesos generativos. Este ataque queda demostrado, en cuarto
lugar, cuando en las prácticas del gobierno imperial la amenaza del terror se
vuelve un arma para resolver conflictos limitados o regionales y un aparato
para el desarrollo imperial. En este caso el comando imperial está disfrazado,
pudiendo aparecer alternativamente como corrupción o destrucción, lo suficiente
como para revelar el profundo llamado que la primera le hace a la segunda y la
segunda a la primera. Ambas danzan juntas sobre el abismo, sobre la ausencia de
ser imperio.
[...]
Mientras que
en los tiempos antiguos y modernos la corrupción era definida en relación con
los esquemas y / o relaciones de valor y demostrada como una falsificación de
ellos de modo tal que podía a veces jugar un papel en el cambio entre las
formas de gobierno y la restauración de los valores, hoy, en contraste, la
corrupción no puede jugar ningún papel en ninguna transformación de las formas
de gobierno, porque la propia corrupción es la sustancia y totalidad del
Imperio.
Michael Hardt - Antonio Negri: Imperio
1.- "El Imperio es el sujeto político que
regula efectivamente estos cambios globales, el poder soberano que gobierna al
mundo."
"La soberanía ha tomado una
nueva forma, compuesta por una serie de organismos nacionales y supranacionales
unidos bajo una única lógica de mando. Esta nueva forma global de soberanía es
lo que llamamos Imperio."
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