viernes, 28 de enero de 2011

Antología parcial / 3



                     A un viejo poeta
    
              Caminas por el campo de Castilla
              y casi no lo ves. Un intrincado
              versículo de Juan es tu cuidado
              y apenas reparaste en la amarilla
   
              puesta del sol. La vaga luz delira
              y en el confín del Este se dilata
              esa luna de escarnio y de escarlata
              que es acaso el espejo de la Ira.
   
              Alzas los ojos y la miras. Una
              memoria de algo que fue tuyo empieza
              y se apaga. La pálida cabeza
  
              bajas y sigues caminando triste,
              sin recordar el verso que escribiste:
              Y su epitafio la sangrienta luna.

                      Jorge Luis Borges: El hacedor (1960)

miércoles, 26 de enero de 2011

Las cuatro estaciones / 3



La ignorancia –socráticamente hablando– no está mal vista en Laramie. Al contrario, aquí no sólo se admite sino que se estimula el uso de enunciados del tipo de no lo sé, quién es, no lo conozco, no he oído hablar de eso en mi vida, no lo he leído, nunca estuve allí… Nadie tiene que aparentar lo que no es ni está obligado a ocultar su ignorancia, de la que por otra parte no tiene por qué avergonzarse, tan sólo remediarla. 

Portadas de Babelia
 Filosofía y democracia
Por eso, cuando Carlota preguntó si habíamos leído la reseña de Público a propósito de un libro en el que un grupo de filósofos opinan sobre el estado de la democracia y comenzó a decir sus nombres, en el caso de los franceses a algunos se nos puso una cara de ignorantes sin excusa. ¿Pero ni siquiera conocéis a Agamben, a Zizek…?, preguntó alarmada Carlota. Bueno, a esos sí, pero no son franceses…, repuso Julián.
Eso tiene fácil remedio: acudid al oráculo –dijo Claudio, señalando la esquina del salón donde está instalado un ordenador–, entrad en la casa del que todo lo sabe (así llama él a Google) y preguntadle a su profeta (esto es, Wikipedia). En unos segundos tendréis una respuesta que aliviará vuestra ignorancia, sin remediarla, claro. Pero os sentiréis bien.
Así comenzó el encuentro del pasado sábado, uno de los más movidos de las últimas semanas. Como si quisieran ratificar lo que les conté la semana pasada, todo el mundo tenía ganas de hablar. Y se habló de tantas cosas y se trataron tantos temas que posiblemente no seré capaz de recoger en las líneas de que dispongo todo lo que allí se dijo. Lo intentaré, aunque no sea en el orden en que se sucedieron los hechos. Pero eso no importa demasiado, ¿verdad?

Escépticos, reformistas y maximalistas
Marta volvió a insistir en la necesidad de hacer algo ante la actitud “beligerante, intransigente y reaccionaria de Ratzinger, empeñado en una auténtica cruzada contra la educación sexual en Europa”. “Más le valdría aclarar de una vez por todas la trama de las finanzas vaticanas”, dijo rarodeluna, sumándose a la propuesta de Marta, a la vez que nos informaba de la nueva iniciativa de Anonymous: la “Operación Goya”, convocada para el 13 de febrero coincidiendo con la Gala anual del cines español.
En esto no hubo acuerdo. Nadie discutía la libertad de expresión de este u otros colectivos. Pero unos manifestaron sentirse incómodos ante esas máscaras, ante la ambigüedad de su comparecencia pública; mientras que otros sostenían que eso precisamente, el anonimato le confería sentido y fuerza a la iniciativa.
Como suele ser habitual, el asunto abrió la espita del debate entre escépticos, reformistas y maximalistas –utilizo los términos que se aplican unos a otros en la refriega dialéctica: se habló de la gradual y sistemática erosión del Estado del bienestar; de la inadmisible complicidad de la izquierda institucional con las políticas neoliberales y de la desorientada perplejidad de la izquierda social que –según Darío– no sólo está desmovilizada sino que además parece resignada ante el cacareado triunfo electoral de la derecha… Que conste –dijo Claudio, que hasta ese momento había guardado silencio–: yo no me resigno. Por cierto –preguntó Darío–, ¿habéis visto el último Suelto de Pedro? 

Jean Middlenton
A partir de ese momento todo fueron sugerencias y propuestas cruzadas: no hubo consenso sobre la decisión del gobierno francés de excluir a Louis-Ferdinand Céline de las celebraciones oficiales con motivo del cincuenta aniversario de su muerte, “por haber puesto su pluma a disposición de una ideologías repugnante, la del antisemitismo”. Tampoco lo hubo con el presunto canon de Babelia. ¿No crees que se han pasado los de El País?, le preguntó Carlota a Julián. ¡Y tanto! –asintió con vehemencia rarodeluna que andaba algo despistado– ¡Como que Prisa ha despedido a 2.500 trabajadores!
En lo que sí hubo consenso fue en el brindis que propusieron Teresa, Marta y Carlota en recuerdo de Jean Middleton, una comunista sudafricana que luchó con Mandela por la libertad y la justicia y contra el ‘apartheid’.
Teresa recomendó que viéramos un vídeo de AttacTV que recoge fragmentos de la conferencia pronunciada por Arcadi Oliveres, profesor de la UAB, en un ciclo de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes del Vallés.
Antonio nos regaló a cada uno una postal: si vais a Sevilla, dijo, no os olvidéis de visitar La Carbonería. Y añadió: escuchad con atención a Paco Lira cuando os cuente cómo una taberna se ha convertido en un lugar de encuentro de las más diversas expresiones artísticas, musicales y literarias.

Cuando nos íbamos, Claudio me entregó un sobre con dos citas sobre Rimbaud, “para avivar el debate sobre raros, malditos y asimilados. Buenas noches y que descanses”.

Rimbaud



“Y por qué le gustaba tanto Rimbaud? ¿Cómo comenzó aquel amor? ¿Se inició por el encanto de sus versos? No. Rimbaud se le confundía entonces en una misma amalgama revolucionaria con Trotski, Breton, los surrealistas, Mao, Castro. Lo primero que conoció de Rimbaud fue su consigna por todos manoseada: cambiar la vida […] Sí, es verdad que luego leyó sus versos y que se sabía algunos de memoria y le gustaban. Pero […] Rimbaud no era su amor estético […] ¿Qué fue entonces lo que le dieron a Paul los versos de Rimbaud? Sólo una sensación de orgullo de ser uno de los que aman los versos de Rimbaud”

Milan Kundera


“Rimbaud es a la poesía del siglo XX lo que la máquina de vapor es a los transportes del siglo XX. Gracias a Rimbaud prácticamente todo el mundo puede ser poeta o codearse con uno de ellos, del mismo modo que ya no hace falta ser marqués para viajar en coche de caballos. Rimbaud es el primer efecto de masificación de la lírica.
Sin embargo, lo que Rimbaud inventó no fue un nuevo modo de concebir la poesía, sino una nueva manera de concebir al poeta. Y muy a pesar suyo. El modelo vanguardista de poeta (MVP) inventado por Rimbaud ha tenido un éxito apoteósico”
Félix de Azúa


domingo, 23 de enero de 2011

Raros, malditos y asimilados / 1


A raíz de la primera entrega de la Antología parcial, dedicada a Martín Adán, Teresa envió una nota de lectura en la que evocaba la edición en 1992 de otra antología, 8 poetas raros. Dos propuesta en las que Darío encontró una magnífica ocasión para provocar el debate en torno a uno de sus (“múltiples”) temas preferidos.
Nada más entrar en Laramie se dirigió al salón, se acercó a Teresa, que conversaba con Marta y con Julián, y sentándose a su lado le soltó una de las suyas:
Darío.- Pero bueno, Teresa, ¿a qué viene ahora abrir el álbum de los malditos? ¿Hay alguna conmemoración en puertas o es mera arqueología?
Teresa.- ¿Malditos? No sé a qué te refieres.
Darío.- A la nota que dedicas en el blog a esa antología de hace casi veinte años.
Teresa.- Ya. Ocho poetas raros, Darío, no malditos.
Camille Pissarro: Boulevard Montmartre
Darío (interrumpiéndola).- Raros, malditos, bohemios, decadentes... ¿Qué más da? Distintos nombres para una misma afección. Eso lo sabe todo el mundo. Baudelaire dio la pista: Je ferai rejaillir ta haine qui m'accable / Sur l'instrument maudit de tes méchancetés… Haré que recaiga el odio que me abruma / sobre el maldito instrumento de tus maldades… Verlaine, el Pobre Lelian, prendió la mecha. Entre nosotros, Rubén siguió su estela, eso sí trocando maldito por raro, no sé si por respeto, por interés o por precaución: ya se sabe cómo se las gastaba la autoridad católica en estos menesteres… Y, cómo no, Pere Gimferrer…
Teresa.- Para, para, no te embales. ¿Qué pasa? ¿Qué pretendes? ¿Tienes algo en contra de los poetas raros o malditos o como quieras llamarlos?
Darío.- Pasa que hace tiempo que esos poetas están ya debidamente desactivados, digeridos, catalogados, clasificados y amortizados.
Marta.- Ni que fueran un valor bursátil…
Darío.- Mira, como metáfora no está nada mal. En efecto, al principio fueron marginados, incluso despreciados; nadie daba un céntimo por ellos. Pero después y poco a poco se convirtieron en eso que hoy llamamos un icono, un referente y un modelo para la gente joven, que se quedaba embobada al conocer las peripecias más lamentables de aquellos escritores.
Marta.- ¿No crees que estás exagerando?
Darío.- ¿Exagerando? ¡Mira quién habla! Sabes perfectamente lo que digo: vuestra generación encumbró a esos escritores. Se os caía la baba repitiendo aquel imperativo categórico de que hay que ser absolutamente modernos. Venga, confiésalo: ¿cuántas veces repetiste aquel eslogan progre, “cambiar el mundo, cambiar la vida”, que auguraba un improbable encuentro de Marx y Rimbaud? Lo triste es que más de uno se quedó colgado de aquella percha para siempre.
Marta.- Si te pones así, lo dejamos.
Darío.- No, no me entiendas mal. Lo que trato de decir es que vosotros, vuestra generación, fuisteis los últimos en creeros aquella milonga. Admítelo: os fascinaban aquellas historias marcadas por el escándalo y la transgresión.
rarodeluna.- La proyección típica de una mentalidad pequeñoburguesa…
Marta.- ¡Lo que faltaba!
rarodeluna.- … en el fondo aquellos rebeldes de los sesenta y los setenta eran unos hijos de papá…
Marta.- ¿Hijos de papá? ¡Por favor…!
Claudio.- Creo que os estáis desviando del tema.
Teresa.- Yo desde luego me he perdido.
Julián.- Es natural. No quiero que te molestes, Darío, pero presiento que tú también andas un poco perdido, mezclando churras con merinas.
Antonio.- Yo estoy de acuerdo con Julián. Pero, ¿qué os parece si le damos a Darío un margen de tiempo para que reflexione sobre el asunto y tratamos el tema en un próximo encuentro? Por cierto, no os perdáis este green mist que os he preparado…

sábado, 22 de enero de 2011

Autobiografía sin vida


Félix de Azúa: Autobiografía sin vida. Mondadori. Barcelona, 2010.

Azúa es siempre una buena ocasión para espabilar y no caer en esa modorra tan generalizada como inquietante que acompaña otras digresiones contemporáneas. Brillante, provocador, voluntaria y vocacionalmente paradójico, Félix de Azúa es un buen escritor a quien su legítimo narcisismo y una especie de congénita (o novísima) pedantería le han impedido desplegar todo su talento.

Cuando leo sus escritos me quedo siempre, como ahora, con la impresión de que podía haber dado más, que estaba en sus manos haber dado más y no lo ha hecho. Pero merece la pena leerlo. Véase, por ejemplo, el penúltimo capítulo. Soberbia y elocuentísima esa última imagen de Jaime Gil de Biedma negándose a hacer los deberes.
 Julián