Hay días que amanecen lunes
con el gesto nublado, con la mirada herida,
con los ánimos por los suelos.
Miro a mi alrededor
y todo son imágenes borrosas
los pecios de un mal sueño.
Intento pensar y no lo consigo
sólo encuentro palabras huecas
desvencijados ecos.
Me asomo a la ventana
y acude a recibirme gris el día
sin esperanza y en silencio.
No sé qué hacer.
Me detengo un instante.
Respiro. Tomo aliento.
Y me digo a mí mismo:
no te vengas abajo, tío,
sólo es un mal momento.
Pero amanece triste y gris el día.
Triste como mi tarjeta del paro.
Y gris como mi vida, sin remedio.
rarodeluna
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